Articulo de la categoria 'Misterios'

CREMACIONES ESPONTÁNEAS II

Publicado en Misterios el Noviembre 26th, 2006

fuego1.jpgA las ocho, un mozo trajo un telegrama para
la señora Reeser. Al tratar de entregárselo, lanzó un grito pidiendo auxilio: la manecilla del de la puerta del departamento de
la señora Reeser estaba caliente. Dos pintores que trabajaban enfrente se aproximaron. Al abrir uno de ellos la puerta salió una onda de aire caliente. Entraron en actitud de rescate, pero no había rastro de la moradora en
la cama. Algo de humo ocupaba el cuarto y el único rastro de fuego era una llama pequeña en la viga de separación entre la habitación y la cocina.

Los bomberos la eliminaron fácilmente, con parte del tabique. Su jefe realizó la inspección pertinente y, asombrado, convocó a su superior inmediato, Claude Nesbitt.

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CREMACIONES ESPONTÁNEAS I

Publicado en Misterios el Noviembre 26th, 2006

hombre-en-llamas.jpgTres hombres situados en puntos distantes unos de otros habían tenido una muerte similar por incineración el día 7 de Abril. Ninguna de las victimas estaba cerca del fuego o fumaba:

Un caso revelador se produjo cerca del navío Ulrich, frente a la costa irlandesa. El contramaestre advirtió que el barco iba a la deriva y se dirigió al puente de mando, allí se encontró con el timonel convertido en una pila de cenizas. Sorprendido constató que alrededor de él nada registraba los efectos del fuego. El piso, los compases, el timón e incluso las botas del difunto no registraban daño alguno. Leer el resto »

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El Pararrayos andante

Publicado en Misterios el Noviembre 26th, 2006

Rayos bolaNo hay caso tan espectacular como el del mayor R. Sumerford, nativo de Vancuver, Canadá. Al punto que se le llegó a llamar “pararrayos andante”. Su enemigo –el rayo- lo alcanzó por primera vez en 1918, en Flandes, mientras se hallaba de patrulla. El rayo mató a su caballo y lo dejó a él paralítico de cintura para abajo. Como inválido, regresó a a su hogar en Vancuver, recuperándose con el tiempo y llegando a caminar ayudado por dos bastones.

En 1924 el mayor y tres de sus amigos fueron pescar a las montañas. Sus compañeros se alejaron a buscar víveres, dejando al mayor sentado bajo un árbol. Se desató una súbita tormenta y un rayo dio contra el árbol. Cuando sus amigos volvieron descubrieron a Sumerford con medio cuerpo paralizado. Le llevaron a un hospital y tardó dos años en recuperarse. Tiempo después paseaba con algunas amistades por el parque central de Vancuver. De nuevo, tormenta inesperada: se refugiaron bajo el toldo de un tenderete de refrescos, pero antes de que el mayor pudiese llegar, fue derribado por un relámpago.

Esta vez la parálisis fue total. Confinado en una silla de ruedas, murió dos años después. Pero ni siquiera le fue posible disfrutar de la paz de los sepulcros. Una noche de Julio, en 1934, una violenta tormenta eléctrica se abatió sobre Vancuver. Un rayo cayó en el cementerio destruyendo totalmente una única lápida: la que marcaba el ataúd de un antiguo oficial de caballería: el mayor R. Sumerford

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